Francisco Palau


¿Conoces a Francisco Palau?


         Francisco Palau concibió la Iglesia como Dios y los prójimos. En 1861 fundó la congregación de las Carmelitas Misioneras Teresianas. Gran amante de María, su Madre y Señora, imagen y figura de la Iglesia.
         Su figura destaca por su personal vivencia del misterio de la Iglesia. Su vida, tejida de dificultades y búsqueda, tiene ahí su núcleo de condensación, su centro de gravedad, su fuerza motriz.

          Fue un hombre de recia talla religiosa, que tuvo que transitar toda su vida por circunstancias complejas y dificultosas, vivió y se entregó al servicio de la Iglesia, su Amada, descubriéndola como Cuerpo Místico de Cristo: cuerpo moral, vivo, dinámico, armónico e indivisible, donde Cristo es la cabeza, unida a nosotros, sus miembros.
         Vivió la Iglesia en clave de fe y de entrega incondicional, luchó y buscó hasta que le fue revelada su misión en la Iglesia. Una Iglesia que se le manifestó como Dios y los prójimos y a quien sirvió como misionero incansable, como escritor, apóstol y fundador.
         Su vida está marcada por la búsqueda de su amada: la Iglesia. La trayectoria histórica de su vida aparece marcada y orientada por su pasión por la Iglesia, incipiente en su niñez e impulso decisivo en su juventud.
        Desde la Iglesia comprende vitalmente el misterio de Cristo Salvador. La Iglesia es para él término adecuado y supremo del amor cristiano en su dimensión personal y comunitaria. Él la ve y vive como realidad concreta que se relaciona misteriosamente con cada uno de sus miembros.
Palau llegó a la gran conclusión de su vida, la que le unificó y acabó con sus búsquedas: la Iglesia es antes que nada comunión, pero en el misterio, misterio de comunión, unidad y fuente de unificación con Cristo místico, fraternidad por realizar y proyectar, y realidad viva. La Iglesia le fue revelada como Dios y los prójimos. Esta es la proyección de Francisco en la historia y en la Iglesia.
        El padre Palau cree en una Iglesia libre y la proyecta en libertad de misión y de actuación, ya que la misión se recibe de Dios. Sólo buscó una cosa: dar a conocer  a la Iglesia y servirla y amarla en su Cuerpo Místico.
        La experiencia y mensaje eclesial de Francisco Palau, su magisterio y vivencia carismática, se prolonga en su obra fundacional, familia religiosa que nace de esa misma experiencia; en el hoy de sus hijas espirituales, las Carmelitas Misioneras Teresianas, herederas de su carisma de servicio y amor a la Iglesia, una Iglesia encarnada y amada, viva y presente en una humanidad de rostros concretos.
        El 24 de abril de 1988, Francisco Palau fue proclamado como beato por el Papa Juan Pablo II. 

Desde entonces, se celebra el día del Beato Francisco Palau i Quer cada 7 de noviembre. 





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